
Estamos aquí, de regreso en Bélgica después de dos semanas increíbles en Ruanda. Regresamos cambiados como resultado de esta experiencia. Muchas cosas dejaron su marca en nosotros.
Un día nos adentramos en el valle y vemos gente lavando su ropa usando agua del pozo en cuencos. En Bélgica, esto es nunca visto; uno pone su ropa a lavar en la máquina.
Durante dos semanas nos bañamos con tarros de agua, lo cual hizo que estuviéramos mucho más atentos a nuestro consumo de agua. Pudimos entender qué tan preciado es este recurso; estamos tan acostumbrados a acceder a él tan fácilmente.
También pudimos ver lo mucho que la gente puede hacer en su vida teniendo tan poco. Desperdiciar no es una opción.
Los granjeros que conocimos producen su propia comida. Si tienen una mala cosecha, deben llegar a fin de mes sin dinero. Aquí compramos comida de todas partes del mundo en supermercados sin siquiera pensarlo y desperdiciamos tanto. Pudimos ver familias enteras viviendo en casas muy pequeñas, pero estas personas son felices de tener un techo sobre sus cabezas.
Al regresar a Bélgica, naturalmente nos sentimos afectados por todo esto.
Ver a la gente vivir en la pobreza mientras tienen una gran sonrisa es algo que uno no olvida. Así que ahora tratamos de ser cuidadosos con lo que consumimos y también de desperdiciar menos. Allá, la gente no se queja, mientras que aquí refunfuñamos por lo más mínimo. Por esta razón, estamos compartiendo esta experiencia, para crear conciencia entre la mayor cantidad de gente posible.
“Traducción hecha por Daniel Gil, estudiante de traducción de la Vrije Universiteit Brussel”