
En mi comunidad hay un gran problema que afecta a muchos jóvenes; especialmente a los hombres de entre 18 y 25 años.
Tal fue el caso de Carlos, hijo de un agricultor, que hasta el noveno grado asistió a una escuela rural de alternancia. Pero cuando empezó la escuela secundaria superior, tuvo que mudarse a la ciudad.
Fue entonces cuando Carlos comenzó a enfrentarse a una serie de problemas que le llevaron a querer contribuir a los ingresos de su familia. Antes de eso, cuando estudiaba en la escuela de alternancia pasaba quince días en la escuela y luego quince días en casa, en los que ayudaba a su padre a cuidar de la granja.
Pero no pudo conciliar su anhelo de ayudar a su familia, ya que tuvo que pasar mucho tiempo viajando de su casa a la escuela estatal. También tenía que responder a sus actividades escolares.
Otro problema está relacionado con el transporte escolar; porque el autobús no recoge a los estudiantes todos los días y este problema se agrava en el invierno.
El acceso a su comunidad es difícil y a menudo el autobús se queda atascado en el camino fangoso y los estudiantes tienen que empujarlo para llegar a la escuela.
Carlos faltó a muchas clases y no pudo mantenerse al día con gran parte del contenido. Decidió dejar la escuela y mudarse a Minas Gerais para trabajar y ayudar en el ingreso familiar. Vio a sus padres volverse cada vez más frágiles mientras trabajaban para dar sustento a él y a sus hermanos.
Después de tres años Carlos volvió a su comunidad, pero no volvió a la escuela.
Este es un ejemplo entre muchos de la necesidad de políticas públicas dirigidas a los trabajadores agrícolas que les proporcionen oportunidades para permanecer en su lugar de origen.
“Traducción hecha por Daniel Gil, estudiante de traducción de la Vrije Universiteit Brussel”