Me llamo Collard MUSH A MUKAZ, y quiero hablarles de una situación relacionada con una niña bruja en mi ciudad de Lubumbashi.
Todo empezaba a cambiar cuando el padre de la niña perdió su trabaja. Había dejado a los niños con su madre, que en vez tenía que dejar a los niños con sus abuelas a causa de dificultades financieras, para buscar una manera a ganarse la vida en Kolwezi.
Con el paso del tiempo, la vida en la casa de la abuela se volvió cada vez más difícil hasta el punto de que la abuela buscó a un profeta para ayudar con la reza y para cambiar la situación de la familia, el profeta tenía una profecía que la niña era una bruja y que era la causa de todas las desgracias de la familia. El profeta inició una sesión de oración y tortura para que la niña aceptara que era una bruja, aunque no lo fuera.

El profeta rezaba por la niña mientras la azotaba con un cinturón, a veces también la golpeaba, para que confesara que era una bruja. Mientras ella no aceptara que era una bruja, la sesión de tortura continuaría. Al cabo de un rato, finalmente dijo que sí, pensando que la tortura cesaría, pero esto marcó el comienzo de un terrible calvario.
La niña de 13 años fue expulsada de su casa y no sabía adonde ir, ni que comer ni donde dormir. Su única preocupación era ir a la escuela como cualquier otro niño.
Queridos padres, pastores, y profetas, los niños no son brujos. Nuestros problemas financieros no vienen de los niños, que solamente necesitan educación, amor y guía.
Edición: Mónica Hurtado (VUB)